La Aproximación Congnitiva Conductual de la Violencia

“Alegría, miedo, rabia y tristeza son las emociones fundamentales presentes en los seres humanos desde nuestra niñez y fuente importante de ajuste en nuestras vivencias.”

Por: PhD. Juan José Moles A.
Profesor Titular y Director del Centro de Investigación Psiquiátricas, Psicológicas y Sexológicas de Venezuela. Instituto de Investigación y Postgrado (CIPPSV). Expresidente de ALAMOC. Vicepresidente de SOVEPSEX. Miembro Honorario del Colegio de Psicólogos de Perú.

Son entonces emociones sanas y necesarias, sin embargo diversos factores tanto biológicos como psicosociales pueden en algunas circunstancias afectarlas y llevarlas a grados extremos y patológicos. La euforia desbordada, la angustia y pánico, la depresión y la violencia serían extremos disfuncionales de ellas.

Al abordar particularmente la rabia, la misma implica una activación de nuestro organismo hacia una situación de enfrentamiento (agresión), esto implica desde un punto de vista psicológico que este estado emocional está altamente relacionado con la percepción de injusticia, vale decir, el sujeto en cuestión percibe un atentado directo o indirecto hacia derechos conducentes a gratificaciones que le corresponde.

El proceso de socialización implica un aprendizaje hacia todo lo que se espera de una persona en cuanto a sus responsabilidades ciudadanas, conductualmente se ha demostrado como los procedimientos de reforzamiento positivo y negativo conducen al fortalecimiento de conductas esperadas socialmente, en el primer caso, como igualmente de conducta de evitación y escape hacia situaciones sociales no admisibles en el segundo caso. El proceso de socialización implica entonces un manejo de reforzadores que influyen en diversos estados emocionales.

La práctica del aprendizaje social nos enseña que no necesariamente se encuentra equidad en cuanto el equilibrio de demandas y gratificaciones, en muchos casos el peso de una de las partes respecto a la otra está desajustada, es así que grupos sociales asumen mayores privilegios en comparación a sus responsabilidades mientras que otros grupos deben asumir iguales o mayores responsabilidades con detrimento de sus gratificaciones y derechos, desde un punto perceptual puede ser considerado como injusto y por ende ser propiciador de una respuesta emocional de rabia.

Si lo expresado anteriormente se mantiene en el tiempo, pudiese ocurrir la aparición de subcultura, es decir un grupo social cohesionado con creencias, valores y actitudes altamente utilitarias en su beneficio y en oposición a las pautas de socialización establecidas, la subcultura delincuente pudiese enmarcarse dentro de lo expuesto.

El aprendizaje social implica un proceso sistemático de observación de lo que otras personas puedan comportarse en un momento dado y las posibles consecuencias que obtienen, es por ende un aprendizaje vicario, obviamente de acuerdo al status y roles que determinadas personas puedan obtener en un escenario social, los mismos pueden ser sujetos a mayor observación y aprendizaje de conductas similares, estamos refiriéndonos a un proceso de modelaje o modelamiento. Dicho proceso lo conforman dos acciones bien delimitadas, una de ellas denominada “adquisición” que implica cognitivamente la atención y retención de una conducta y otro que se denomina “ejecución” que es propiamente la expresión conductual. Para que esta última se realice tienen que estar dadas las condiciones de reforzamiento social.

La fisiología tiene una ley que puntualiza “Cuanto mayor sea la intensidad del estímulo mayor será la magnitud de la respuesta”, esto implica que en las emociones y particularmente en la que nos compete relacionada con la conducta agresiva, se entiende que la misma puede ser en un momento dado una reacción natural que se adecua en su reacción a la situación ambiental que se está percibiendo como injusta, el problema está cuando no ocurre así sino que el aprendizaje social ha dado suficientes elementos que dificultan la discriminación de la magnitud de la conducta e inclusive se han colocado condiciones de reforzamiento para la agresividad como tal, en esas condiciones se altera la fisiología de la ley se magnifica el modelo de aprendizaje.

Entrando ya propiamente en la violencia y conducta criminal debemos partir por la condición biológica, psicológica y social que dan identidad al ser humano, en ese orden de ideas y más enmarcados en aspectos que pudiesen partir de una alteración biológica encontramos la denominada por el DSM “personalidad antisocial” también calificada como sociopatía y psicopatía.

Hay dos distintivos que caracterizan a la personalidad antisocial: una incapacidad de responder emocionalmente en situaciones en las que se esperaría que personas normales lo hicieran y una irresistible tendencia a actuar impulsivamente. De estas características primarias se pueden derivar otras secundarias tales como agresividad, ausencia de sentimientos de culpa, imposibilidad de ser influido por el castigo o por consecuencias aversivas del comportamiento antisocial y una falta de motivación positiva.

Este tipo de trastorno ha presentado verdadera dificultad en cuanto a tratamiento aunque se ha conseguido por procedimientos conductuales la reducción de determinadas conductas antisociales mas no así la erradicación del trastorno.

Por otro lado tenemos el grupo de sujetos que ejercen conductas delictivas que pudiese estar acompañada de violencia y que calificaremos como “delincuente socializado subcultural”. Diversos factores o circunstancias acontecidas en la infancia y adolescencia han sido tomadas en cuenta: el rechazo, la falta de seguridad dentro del hogar, los modelos parentales inadecuados, las condiciones ambientales y sociales que rodean la educación de la persona. Investigaciones realizadas referentes a actitudes sociales en personas jóvenes entre 15 y 20 años, parecen apuntar que aquellos que exhibían conductas violentas y delictivas mostraban una visión pesimista de obtención de éxito social tanto a nivel académico, como laboral o profesional, igualmente presentaban metas más a corto plazo y en muchos casos antagónicas a las metas sociales tradicionales.

Así pues debiésemos concluir considerando tres factores inherentes referentes a lo que implica la conducta violenta y criminal, estos son:

  1. Aspectos relacionados con las características de personalidad
  2. Aspectos relacionados con la cantidad y clase de entrenamiento social
  3. Aspectos relacionados con las definiciones culturales de lo que constituye el comportamiento antisocial.

Entrando en el tema de la victimización, obviamente este es consecuente y en muchos casos reforzante respecto a la conducta violenta y criminal. La Declaración de las Naciones Unidas del 29 de Noviembre de 1985 estipula:

“Se entenderá por víctima a las personas que individual o colectivamente, hayan sufrido daños, inclusive lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u omisiones que violen la legislación penal vigente en los Estados Miembros, incluida la que proscribe el abuso de poder”

Son diversas las fuentes de victimización, desde aquellas resultantes propiamente de la acción violenta y criminal, ya sea esta de orden física, económica, psicológica o social. De igual manera podemos referirnos como fuente de victimización aquellas producidas con posterioridad al hecho ilícito y es protagonizada por las propias instituciones encargadas de la prevención del delito. Por último, la sociedad puede reforzar conductas que no son beneficiosas para la persona o incluso llegar a ser perjudiciales.

De todo lo expuesto encontramos diversos tipos de víctimas que pudiésemos mencionar como “inocente, provocadora, infractora, simuladora e incluso imaginaria”.

El tema de la violencia, criminalidad y victimización es complejo y multifactorial y así debe abordarse.

BIBLIOGRAFÍA

*Corsi Jorge. Violencia masculina en la pareja. Ed. Paidós. 1995

*Jacobson Neil. Gottman John. Hombres que agreden a sus mujeres. Ed. Paidós. 2001

*Moles Juan José. Asesoramiento Clínico. Ed. CIPPSV. 2007

*Moles Juan José. Desde la Psicología Clínica. 2010

/ Ciencia

Compartir el Post

Acerca del Autor

Comentarios

No Comentarios aun.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *